CENTENARIO JUAN VAREA 1908 · 2008

INTRODUCCIÓN

 

juan varea

El 26 de abril del presente año 2008 se cumplen cien años del nacimiento del Maestro del Cante Juan Varea Segura, Hijo Predilecto de la Ciudad de Burriana. Juan Varea ha sido -junto a "El Rojo el alpargatero"- el artista flamenco más significativo nacido en la Comunidad Valenciana (como cantaor el mejor pues la importancia de El Rojo se debe a su aportación como creador y fijador de los cantes minero-levantinos, puesto que de su cante no quedaron registros sonoros para poderlo valorar y disfrutar) y uno de los grandes de España del pasado siglo, como así lo reconoció la Cátedra de Flamencología de Jerez de la Frontera otorgándole la distinción de "Maestro del Cante", en 1983, al igual que otras Entidades que le ofrecieron homenajes y reconocimientos.

ADOLESCENCIA Y JUVENTUD

 

retrato Juan Varea

Como ya hemos adelantado, Juan Bautista Varea Segura, nació en Burriana (Castellón) el 26 de abril de 1908 y murió en Madrid el 8 de noviembre de 1985. Siendo todavía un niño se trasladó a Barcelona debido a que su padre se dedicaba a trabajos de transporte tirado por animales y también era tratante por lo que se relacionaba mucho con los gitanos del Somorrostro barcelonés.

Este era el ambiente en el que se desenvolvía el infante Juanito, prohibido para los niños payos. Aquello fue determinante no para despertar su afición a cantar pues según familiares y amigos de Burriana de avanzada edad me cuentan que el padre era un tipo muy "sui generis" y buen aficionado que cantaba con cierta gracia, pero sí para empujarle a la profesionalidad, pues fue determinante para su famoso encuentro con Angelillo en la taberna que regentaba Miguel Borrull, domde su guitarra siempre estaba dispuesta para acompañar a quienes supieran cantar.

Así que fue en Barcelona donde se inició como artista, en el local de Miguel Borrull hijo, donde Juan cantaba empujado por sus amigos y donde, por casualidad lo escuchó Angelillo incorporándolo a la "troupe" que actuaba en el circo Barcelonés formando parte de la compañía que encabezaba Manuel Vallejo. Aquellas relaciones de pandillas juveniles produjeron amistades que durarían toda la vida como la de Manolo Caracol (ambos se ayudaron en multitud de ocasiones) o la de Pepe Chalmeta (que incluso le salvó el pescuezo).

Después pasó a Madrid donde tuvo la oportunidad de escuchar a Don Antonio Chacón, participando en las fiestas del colmao Villa Rosa. A continuación retorna a Barcelona con otras troupes. De ahí se marcha a Sevilla, donde gracias a Manolo Caracol canta en la Alameda de Hércules sevillana, con anécdota incluída debido a que a Juan no se le ocurrió otra mejor que llegar a Sevilla el día en que sólo se podían cantar saetas en la capital andaluza.

En 1928 vuelve de nuevo a la compañía de Manuel Vallejo debutando en Madrid en el Teatro Pavón junto a destacadas figuras, realizando giras por todo el país. Juan sentía devoción por Vallejo, pero entre los jóvenes, Juan era el cantaor predilecto de Vallejo, su cantaor de confianza. Para un sector importante de los aficionados de la época Varea estaba considerado Vallejo II, y no precisamente en tono peyorativo.

LAS TRIBULACIONES DEL JOVEN JUAN EN LA VILLA Y CORTE


En los años siguientes forma parte del elenco de Pepe Marchena, grabando su primer disco en 1930 (tenía 21 años), en lo que fue considerado como un curioso experimento, pues Varea, Pepe Marchena y Juan el Pescaero, cantaban fandanguillos a tres voces, acompañados a la guitarra por Ramón Montoya.

En ese mismo año grabó al menos otras cuatro placas con Ramón Montoya en la casa "La Voz de su Amo". También grabó , igualmente antes de la guerra, varias placas con Miguel Borrull, aunque no podemos precisar cuántas ya que ni siquiera los coleccionistas consultados tienen ni conocen las referencias. Señalemos, también, que en el año 1932 conquistó el primer premio en un prestigioso concurso celebrado en el Teatro Monumental de la capital. En esas estábamos, cuando llegó 1936.

Juan Varea no era hombre de meterse en políticas y no se había decantado por ninguna tendencia y, mientras muchos andaban a la greña él estaba enfrascado en sus cantes y en sacar para comer cada día. El 18 de julio lo pilló en el lado republicano y le tocó luchar en El Escorial, en el frente de Los Leones.

Al final de la contienda, cuando estaba pensando si no sería mejor volver a casa, fue detenido y llevado preso a las Navas del Marqués (Ávila), siendo trasladado posteriormente a un campo de concentración en Zamora. Fue entonces cuando uno de sus amigos del alma, el novillero Pepe Chalmeta junto a Félix Almagro (otro torero), consiguieron a través de un oficial del ejército vencedor y amigo del torero su puesta en libertad. Justo días antes de que empezaran los juicios y fusilamientos masivos.

UN ARTISTA DE CUERPO ENTERO


Una vez en la calle de nuevo, sobrevivió en fiestas íntimas, hasta el año 1942 en que se incorporó al espectáculo de Concha Piquer.

Tras la guerra, grabó un buen número de placas en "Regal" y "Columbia", con las guitarras de Manolo de Badajoz, Niño Ricardo, Paco Aguilera y Perico del Lunar (padre); placas que fueron reeditadas cuando llegó el maravilloso vinilo. De todas formas no sabemos cuántas pues no hemos encontrado a nadie que ofrezca datos precisos y fidedignos.

Tras la llegada del microsurco, grabó una discografía si no muy extensa, sí lo suficientemente amplia como para dejar constancia de su gran calidad interpretativa, demostrando ser un cantaor dominador prácticamente de todos los palos y estilos. En 1945 formó parte de otro espectáculo junto a Pepe Marchena, Vallejo, Canalejas de Puerto Real, Pepe Aznalcóllar y los guitarristas Ramón Montoya y Niño ricardo, realizando galas por todo el país.

CUPIDO Y SUS FLECHAS

 

boda de Juan Varea

Juan no parecía tener mucha prisa en encontrar su media naranja, pero entre los numerosos artistas de esas "troupes" viajaban una familia de gitanos granaínos de apellido Amaya. Y entre ellas una mocita de 22 primaveras que cautivó a Juanito que ya andava por los 38. Se llamaba Carmen. El padre de la novia, amigo de Varea y sólo cinco años mayor que Juan, consintió en concederle la mano de su hija, porque el de Burriana era serio y honesto. La gitanería granadina lo aceptó muy bien y se casaron el 17 de diciembre de 1946, con una gran fiesta por medio, en el Camino del Monte, al lado del río Darro y con la Alhambra encima.

LA PLENITUD

 

Varea

Para Juan Varea fue la culminación, porque a la felicidad personal se le añadía la profesional ya que su época más brillante como artista fue en las décadas entre 1940 y 1970. A su éxito y fama contribuyó una idea que puso en voga su amigo Caracol y que nadie -aparte del propio genio de Sevilla- logró perfeccionar como él: las zambras. Nos dejó grabadas dos espléndidas versiones de "La niña de fuego" (con Perico del Lunar y Manolo de Badajoz) y otras brillantísimas coplas como "Fatiguitas he
pasao", "Cuando empezaba a querer", "Rosario", "Mi Córdoba platera", "Punta de Europa", "Dame de beber serrana",... También fue importantísima la repercusión de sus creaciones por fandangos y malagueñas, teniendo en cuenta que esos años eran el apogeo de la llamada "Ópera Flamenca", con una competencia feroz tanto por la cantidad como por la calidad de los cantaores en liza.

Pero no hay que olvidar que, como ya se ha apuntado, Varea fue un gran dominador de todos los estilos, destacando su gran maestría en los cantes de levante, soleares, seguiriyas, malagueñas, alegrías o sus originales y bellas coplas por bulerías. Muchas de las letras que cantó Varea -por cierto en general preciosas- nunca han sido grabadas - ni antes ni después que él- por otros cantaores. Este hecho es muy raro en el Flamenco donde las coplas se repiten hasta la saciedad. ¡Otra muestra de su originalidad!

Una anécdota muy significativa es que en un cartel de esa época anunciador de un espectáculo celebrado en Granada, se leía: "único cantaor no andaluz que interpreta todos los palos". Es decir, un cantaor completo, enciclopédico. Tenía el gusto tan colmao que incluso en algún momento, 1950 concretamente, llegó a tener compañía propia o "a medias" con Canalejas de Puerto Real. No obstante, su fama y sus mayores éxitos los obtuvo en el tablao Zambra de Madrid donde permaneció durante dos décadas como figura principal. Con ese mismo cuadro flamenco actuó en la feria mundial de Nueva York y en el teatro Olimpia de París. Así como en los Festivales internacionales de Sevilla y Granada. A su vuelta siguió actuando en el tablao Zambra hasta su cierre en el año 1975. El resto de su vida artística la dedicó a festivales y algunos programas de televisión.

ultimos años

LOS ÚLTIMOS AÑOS

 

ultimos años

ultimos años

Cuando ya llevaba varios años prácticamente retirado del cante, la cátedra de flamencología de Jerez de la Frontera, a propuesta de Manuel Ríos Ruiz, como miembro del jurado, le fue otorgado en 1983 el premio nacional a la maestría Y el siguiente año, 1984, recibe un muy sentido homenaje del mundo del flamenco, ya en precario estado de salud. Fue en el teatro monumental de Madrid (el mismo escenario en que ganó el premio en 1932), con la presencia del alcalde Enrique Tierno Galván el cual pronunció unas palabras de elogio sobre su persona y sobre su vida artística. El 24 de julio de 1985, en el antiguo mercado de La Unión, Juan Varea cantó junto a Juan Carmona “Habichuela”, la que sería postrera actuación de su vida, sus últimos cantes: su malagueña personal, una de Chacón y otra de Juan Breva al modo de Yerbabuena, una soleá de Alcalá y dos del Mellizo, tres fandangos distintos de propia cosecha, una Taranta de Linares y la Cartagenera grande de Chacón, una seguiriya del Marrurro y otra del Loco Mateo. Este recital fue grabado por TVE, emitiéndose parte de él.

ultimos años

Se marchitó definitivamente el 8 de noviembre de 1985 en la ciudad que le acogió y adoptó; donde triunfó y se le quiso: Madrid, dejándonos su genuino estilo y su voz en las grabaciones para el recuerdo y disfrute de todos los aficionados a este arte. Como homenaje póstumo, en su ciudad natal le fue concedido el título honorífico de Hijo Predilecto, el 31 de agosto de 2001.

VALORACIONES DE LAS CUALIDADES DE JUAN VAREA


Casi todo se ha filtrado a través de la sucinta exposición de su vida. Es el momento de los juicios y opiniones. "Fue trasnochador con sentido común. Bebedor sabio, nunca alcoholizado. Popular sin creérselo nunca. Paciente y tolerante con los demás. Introvertido y reconcentrado. Exigente consigo mismo.

Enemigo de la adulación, nada zalamero, un punto adusto. Ejemplo a seguir por los flamencos por su prudencia en el hablar y su sincera solidaridad para con sus compañeros. Jamás discriminó a nadie, ni por estirpe, ni por estilo, ni por voz, ni por lugar de nacimiento. Convivió con todos. Siempre estuvo unido sentimentalmente a la raza gitana; y no sólo por el firme amor a su Carmela. Para su hijo fue un amigo.

Para sus amigos, un hermano. Le gustó siempre vestir bien. En eso siguió el magisterio de Angelillo, de Marchena y de sus amigos toreros: "un artista, decía, tiene que serlo todo el día. Cuando se le vea por la calle, resplandeciendo en un traje de lo mejor y con zapatos a medida, los que no le conozcan personalmente deben decir: ahí va un artista". Su "hobby" principal era pasear mirando escaparates, sobre todo de ropa y de zapatos. Se vestía en Arroyo, el sastre más afamado de Madrid. Lo calzaba Loreto, de Albacete, que en 1954 le cobraba por unos zapatos 1.000 pesetas; y porque era él, que le daba entradas de primera fila o entre bastidores (Loreto era bastante sordo). Loreto calzó a Franco, a Manolete, a grandes banqueros, a Barraquer... Como es sabido, los grandes artistas flamencos no siempre se encuentran al nivel de voz, de concentración, de inspiración que su categoría requiere. Varea pasaba mucho miedo.

Tenía un enorme respeto al público y se dejaba abrumar por la responsabilidad. Padecía todas las supersticiones de la gente del flamenco (como su admirado Vallejo) y del toro juntas. A cambio no era delicado para el repertorio de cantes y para los guitarristas, siempre que conocieran el oficio. Los que más le gustaron fueron el Niño Ricardo, primero, y después Manolo de Huelva, Ramón Montoya, Melchor de Marchena, Perico el del Lunar, padre e hijo, Juan Carmona “Habichuela” y sus hermanos, Víctor Monje “Serranito”, Manolo Sanlúcar y Paco de Lucía".Algunos decían (y dicen) de él que era un cantaor “honrao”. En la acepción andaluza de la expresión no quiere decir que sea hombre lleno de honores, famas y honrado por la admiración de los demás, sino, más bien, que no era un granuja cantando, que se entregaba sin reservas en el escenario, que no se tapaba con trucos". (de "Rey sin corona"). Pero es conveniente precisar que la expresión "cantaor honrao" muchos la utilizan con doble -e incluso despectivo- sentido; como diciendo "realmente no es gran cosa".

En el fondo subyace en demasiadas ocasiones la mala fe y el cinismo. Y, como mal menor, se aplica a aquellos artistas que no pudiendo mucho dan de corazón todo lo que tienen. Es lo que realmente nos quieren decir quienes pretenden rebajar la altura artística de Varea sin aportar argumentos de peso. Porque el problema real que tienen estos denostadores de Varea es que no entienden de cante ni realmente les gusta. Desgraciadamente, en demasiados casos tener orejas no equivale a tener oído y, mucho menos, sensibilidad. Tampoco faltan los que padecen de chovinismo provinciano o localista, y, claro, Juan no podía presumir de su "Denominación de Origen" flamenco. "Juan fue un artista de notable poderío vocal, voz fácil, con velocidad y amplísimos conocimientos. Poseedor de una excelente afinación, compás interno ajustado, sin palmotazos, que cuadraba los cantes y que ponía mucho cuidado en acentuar la frase o determinado tercio de la copla, la cual expresaba comprensivo y emocionado". (De "Rey sin corona").


Por tanto, por favor, que se dejen de monsergas con lo de honrado, quítense el antifaz y digan claramente que el epíteto de marras lo utilizan como excusa para negar los auténticos valores de un señor del Cante. Es verdad que Varea no está a la altura de un genio como Caracol, ni de la labor investigadora de Mairena, pero es infinitamente superior a toda una pléyade de jilguerillos fandanguilleros artificialmente endiosados por los mismos que analizan el ADN de Varea (de lo cual ninguna culpa tienen estos cantaores que, por otra parte, merecen todos los respetos). pero como se dice en Canarias: "cacuá,cacuá. Caquién, caquién".

Juan fue admirado y querido sobre todo por los demás artistas. Los flamencólogos - salvo habas contadas- no le han echado demasiadas cuentas, pero creemos que ni siquiera es debido a que le consideren un cantaor menor, sino -todavía peor- porque desconocen su obra y, sobre todo, porque Juan cometió dos errores imperdonables: no haber nacido andaluz ni gitano. Hay demasiados ejemplos de cantaores con méritos infinitamente inferiores a Juan Varea a los que se les han dedicado libros biográficos e incluso sesudos estudios cuando apenas cuentan con una discografía de fandanguillos. ¡pero eran gitanos o, al menos, andaluces! Y nos parece justo que a todos los que han aportado algo al Flamenco se les recuerde y homenajee, pero no a costa de olvidar a otros que a veces son de mayor nivel y sólo se les menoscaba en función de su lugar de nacimiento. ¡No deberíamos olvidar que Juan Varea fue uno de los cuatro elegidos para disputar la Llave de Oro del Cante en 1962 en Córdoba! ¿No será que era uno de los cuatro mejores del momento? ¿O es que los organizadores "tocaban de oído"? ¿Se debe suponer que Vallejo y tantas figuras tampoco entendían de esto? ¿O quizás es que le daban palmaditas en la espalda para que no se deprimiera?

Y... LLEGA EL CENTENARIO


Por todo lo expuesto, estamos convencidos de que el flamenco actual está en deuda con Juan Varea manteniéndolo en un hiriente e injusto semiolvido. Y por esa razón, en el Centenario de su nacimiento, Juan Varea merece un reconocimiento que esté a la altura de sus méritos tanto por parte de la afición a este arte, como por parte de aquellas personalidades y entidades que trabajan en pro del Flamenco, su difusión y defensa de sus valores.

La celebración del Centenario, además de honrar merecidamente su memoria, debería alcanzar dos objetivos: redescubrir su figura y categoría artística a las nuevas generaciones de aficionados y a los numerosos interesados -especialmente fuera de España- ganados para el Flamenco en las dos últimas décadas. Y, por otra parte, que el "mundo" del Flamenco asuma de forma explícita la importancia de Juan Varea en la historia de este Arte considerado en nuestros días Universal. Los actos del Centenario deberían difundirse por todos los medios posibles para que lleguen a cualquier rincón del mundo donde hayan aficionados al Flamenco. y, para que esta trascendencia esté justificada, los actos a llevar a cabo deberían estar en consonancia con la relevancia del artista y la cualidad humana de Juan Varea.

Si la efeméride no es aprovechada adecuadamente, me temo que dentro de 25 años Juan Varea estará prácticamente olvidado. Mientras tanto, en los reproductores de unos cuantos cientos (¿quizás mil?) de aficionados seguirán sonando, para deleite de esos gurmets, la voz de Juan Varea. Ojalá que quienes sin conocer a Juan Varea y hayáis leído esta breve, pero militante, apasionada pero justa, biografía, os impulse al menos a la curiosidad por escuchar a este cantaor nacido lejos del núcleo fundamental del hecho Flamenco, pero en su tiempo apreciado por muchos miles -también andaluces y gitanos- de aficionados.

Quien esto firma recogiendo el sentimiento de un puñado de fieles seguidores cree sinceramente que descubriréis a un flamenco de cuerpo entero. Si queréis profundizar en la vida y obra del artista, podéis encontrar más datos en el libro "Me llamo Juan Varea", donde encontraréis la reedición del opúsculo "Rey sin corona", (de donde hemos tomado parte de su contenido para esta biografía abreviada), escrito por Romualdo Molina y Miguel Espín, y publicado inicialmente por el Ministerio de Cultura en 1986, así como numerosos artículos de opinión de críticos y flamencos de alto nivel. Quedan unos cuantos ejemplares que podéis adquirir solicitándolo a la Asociación Cultural Juan Varea de Burriana. Enviar un correo electrónico a: centenario.juanvarea@hotmail.es o carta a: Apartado de Correos nº 97 - 46080 Valencia. Precio 18€ + gastos de envío.